Queen y el riesgo de no repetirse
Cuando se habla de los grandes himnos de Queen, es imposible no pensar en “Another One Bites the Dust”. Sin embargo, detrás de su innegable éxito hay una historia poco conocida: no todos los integrantes del grupo estaban convencidos de que esa canción debía existir tal como fue grabada. Lo que hoy es un clásico global, en su momento generó incomodidad dentro del propio cuarteto británico.
La canción fue lanzada el 30 de junio de 1980 como parte de The Game, el octavo álbum de estudio de Queen. Escrita por el bajista John Deacon, el tema rompió con la tradición sonora de la banda y se apoyó en un groove minimalista, cercano al funk y al disco, algo poco habitual para un grupo asociado al rock épico y las guitarras monumentales.
La canción de Queen que incomodó a Roger Taylor

Brian May ha explicado en distintas ocasiones que Queen tenía una regla no escrita: nunca repetirse. Para ellos, evolucionar era una necesidad artística, aunque eso implicara incomodidad. “Another One Bites the Dust” nació precisamente de ese impulso por explorar territorios nuevos, incluso cuando no todos se sentían del todo seguros del resultado.
El guitarrista ha reconocido que la canción rompió varias barreras internas. Si bien el bajo de Deacon marcó el rumbo del tema, la producción obligó a replantear la manera en la que cada instrumento debía encajar, especialmente la batería, que dejó de lado el estilo poderoso y explosivo que caracterizaba a la banda.

Uno de los más inconformes fue Roger Taylor. El baterista no estaba cómodo con el sonido seco y contenido que se buscaba para el tema. Acostumbrado a una batería más agresiva y rockera, el enfoque sobrio de “Another One Bites the Dust” no representaba su identidad musical dentro de Queen.
Aun así, la visión de John Deacon y el entusiasmo de Freddie Mercury terminaron imponiéndose. Ambos creían firmemente que ese ritmo compacto y elegante era justo lo que la canción necesitaba. El resultado fue un sonido distinto, arriesgado y, con el tiempo, histórico.
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Paradójicamente, aquello que generó dudas internas fue lo que llevó a Queen a conquistar el mercado estadounidense, alcanzar el número uno en Billboard y convertirse en una de las bandas más influyentes de la cultura pop mundial. Una prueba más de que, a veces, salir de la zona de confort es la mejor decisión creativa.