Jim Morrison y las cintas que nadie debía escuchar

Pocas historias alrededor de Jim Morrison siguen generando tanto misterio como la de las cintas conocidas como The Lost Paris Tapes. A más de cinco décadas de su fallecimiento en París, nuevas conversaciones entre fanáticos y coleccionistas han vuelto a poner bajo la lupa una serie de grabaciones que muchos consideran el último testimonio artístico del cantante antes de morir en 1971.

Jim Morrison: poesía, alcohol y el último eco de The Doors

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De acuerdo con distintos registros sobre la historia de estas grabaciones, Morrison pasó sus últimos meses en París intentando alejarse de los excesos que rodeaban su vida con The Doors. En medio de ese retiro artístico y personal, el músico habría coincidido con dos artistas callejeros cerca del Café de Flore y terminó entrando a un pequeño estudio improvisado para registrar una sesión espontánea de poesía y música.

Aquella sesión, grabada en junio de 1971, apenas duró unos minutos, pero terminó convirtiéndose en material de culto entre seguidores del rock clásico. Morrison y los músicos se presentaron bajo el nombre de “Jomo and the Smoothies”, una identidad improvisada que alimentó todavía más el mito alrededor del llamado “Rey Lagarto”. Tras la grabación, el vocalista se llevó el máster original y, según diversas versiones, dejó las cintas con un amigo poco antes de morir.

Jim Morrison: poesía, alcohol y el último eco de The Doors

Las grabaciones comenzaron a circular entre coleccionistas durante la década de los noventa bajo el título The Lost Paris Tapes. Aunque nunca fueron publicadas oficialmente por la familia de Morrison ni por The Doors, muchos seguidores consideran que muestran la faceta más íntima y vulnerable del cantante: un artista agotado, errático y profundamente conectado con la poesía.

Incluso dentro del entorno de The Doors existieron opiniones divididas sobre el valor real de aquellas cintas. Ray Manzarek llegó a calificarlas como “divagaciones de borracho”, mientras otros admiradores aseguran que precisamente esa crudeza las vuelve fascinantes. Lo cierto es que el registro conserva una atmósfera oscura y caótica que parece anticipar el desenlace de Morrison apenas semanas después.

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Con el paso de los años, el interés por las últimas grabaciones de Jim Morrison no ha disminuido. Cada cierto tiempo resurgen teorías, fragmentos restaurados y discusiones sobre lo que realmente ocurrió durante aquellos días en París. Entre la poesía improvisada, el desgaste físico y la leyenda que rodea su muerte, las cintas siguen funcionando como una cápsula del tiempo que retrata los últimos momentos creativos de una de las figuras más enigmáticas en la historia del rock.

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